El ‘gore’ de Titus impacta Londres

En una sola función se desmayaron hasta cinco espectadores y, aunque en la siguiente fueron solo dos, no hay velada en la que varios miembros del público no acaben sintiéndose cuanto menos indispuestos ante tal orgía de sangre. El reciente estreno de una producción de Tito Andrónico en el teatro Globe de Londres vuelve a demostrar que el desenfreno de violencia encarnado en esta obra de Shakespeare no es apto para todas las sensibilidades y estómagos. Las críticas han sido excelentes, pero los titulares se los ha llevado el tremendo impacto entre la audiencia de ese gore en versión isabelina.

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La escena en que Lavinia, la hija del general romano Tito Andrónico, comparece en escena tras ser violada y mutilada de lengua y manos, ha resultado especialmente repulsiva desde el pit, el espacio en el que (a razón de 5 libras) una parte del público permanece de pie al borde del mismo escenario y casi puede tocar a la actriz Flora Spencer-Longhurst. El personal del Globe está bien preparado para capear con los mareos y toda suerte de reacciones de la audiencia, porque esta versión de la pieza que firma Lucy Bailey, y que el teatro presenta como “violenta hasta lo grotesco y osadamente experimental”, ya había revelado sus aparatosos efectos cuando se estrenó en 2006 en el mismo teatro: los espectadores caían como moscas y en un solo día llegaron a contabilizarse quince desmayos.

La pieza más sanguinolenta del repertorio shakesperiano relata la historia de una venganza que se recrea en la violencia y la crueldad extrema para acabar sembrando catorce cadáveres sobre el escenario. El general romano que regresa victorioso tras derrotar a los godos comete el error de sacrificar al hijo de la cautiva reina Tamora, desatando un devastador ciclo de vendettas que acabará cebándose en ambos y en los suyos. El grueso del público conoce de antemano la trama, pero la gráfica puesta en escena del horror se antoja insoportable para algunos, y necesaria para muchos de los que han venido recomendando la producción en sus mensajes en la red social Twitter.

Si en la célebre representación de la obra que en 1955 dirigió Peter Brook, con Laurence Olivier y Vivian Leigh como protagonistas, cintas rojas encarnaban los chorros de sangre, en esa versión moderna del Globe se utilizan cinco litros de líquido rojo oscuro cada velada de la función. Bailey quiere exponer “la abominable cultura de la violencia” en los tiempos romanos que ambientan Tito Andrónico, y también en la era isabelina en que Shakespeare la concibió como denuncia. Ese horror cuya exposición puede resultar indigerible, subraya la crítica, sigue hoy vigente en tantos lugares del mundo.

El momento en que Tito sirve a su rival Tamora el banquete final de la venganza sin que ella lo sepa, un plato en el que ha cocinado las cabezas de los propios hijos de la reina, electrifica el ambiente en el Globe. Para entonces, más de un espectador ya se ha dado de baja pero el grueso de la audiencia se prepara para el aplauso final a una obra impecablemente protagonizada por William Houston (Tito), Indira Varma (la reina) y la citada Spencer-Longhurst.

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