La política cultural en España (1982-2006)

La política cultural en España (1982-2006)

Desde octubre 1982, en España el Partido Socialista es elegido por mayoría absoluta para gobernar en el país y no dejara de gobernar en solitario hasta 1996,  por lo que gobernara cómodamente durante 14 años.

Estos periodos tan largos permiten consolidar dinámicas y crear intensas tendencias, en  política cultural este incurrirá en lo mismo, aunque fue la cultura donde más importancia se recalco para aplaudir el nuevo gobierno ya que se estableció como símbolo de la transición tras los años de dictadura, una de sus principales bazas fue el turismo. En especial durante los años 80 estableciéndose el termino cultura como una expresión propia de los políticos y en especial de la izquierda, debido a la larga dictadura sufrida durante años, también se convirtió en un peso pesado para los nacionalistas, un reclamo de identidad.

Todo un conjunto de actividades laborales como diseñadores, publicistas, pintores, cineastas, etc. llevaron a  cabo un conjunto de ideas modernas muy alejadas del franquismo que desencadenaría en una transformación de la ciudadanía y los modelos sociales, algunos de los ejemplos de esto son la Barcelona post-olímpica y el Madrid de los 80. En esta época “lo moderno” no tenía relación con lo vanguardista al revés “la vanguardia” estaba demasiado relacionada con lo militante por lo que se paso al término “postmodernidad” ya que este estaba más relacionado con las ideas y sentimientos de todos los que contribuyeron a la gestión pública de la cultura de aquella época.

De alguna forma la España aquella, adopto un lenguaje europeo y moderno en los ámbitos de industria, economía, de infraestructuras o asuntos internacionales pero en lo referente a la cultura esta era más un patrimonio del país o bien una tradición, aunque sin dejar de ser un gran creador de grandes iconos populares. Por todo esto España aposto por una política mercantil relacionada con esos iconos.

El hecho de que la economía española sufriera una masiva capitalización tuvo unas consecuencias similares a la que ocurrió en EE.UU en los años 50, algunas de las consecuencias son  la sustitución de productos de la cultura popular por una cultura kitsch, o el paso de lo popular a lo pop. Otro fenómeno acaecido por esto fue, de parte de las clases medias, el secuestro de “materias primas” y el diseño con ellas de nuevos productos, esto ya promocionado en su tiempo por un influyente crítico de arte  llamado Clement  Greenberg y que tuvo su importancia en los EE.UU de la postguerra, que también se acogió ampliamente en España.

De todo esto nacerá una manera de ver la cultura y el arte para añadir valores en los que destacar y hacerse notar. Algunos de los ejemplos de esto fueron “la movida” madrileña, el diseño catalán, los grandes museos, los grandes nombres de la arquitectura, o las grandes ferias, expos y bienales por lo que se llevo a cabo en la política cultural los aspectos del arte y la cultura como “objetivos estratégicos” de visualización, y con menos intensidad en prácticas sociales.

Cabe recalcar que en el ámbito de las artes visuales, la mayoría de los gobiernos democráticos han dado más retribuciones y presupuestos a las agencias culturales mixtas (Ministerio de Asuntos Exteriores) que al Ministerio de Cultura y Educación por lo que se ha fomentado una política promocional antes que una política productiva. También a la vez, las nuevas organizaciones urbanas y territoriales se sumaron al movimiento cultural creando grandes museos con la idea de que las colecciones movilizaran por si solas el capital cultural, tanto económico como humano.

En España con la llegada de la democracia y las nuevas políticas artísticas del PSOE se resolvieron, curiosamente, sobre parte del trabajo realizado por el régimen franquista en los años 50 y 60 tales como la identificación de jóvenes promesas, una política de promoción internacional y el “apoyo” a la creación de una red artística comercial, también se llevo a cabo una sanción oficial de determinados estilos artísticos que interferían en los intereses políticos de cada  momento. En los años 80 la política cultural emprendida, reprodujo que la cultura debía venir inspirada por el estado,  por un lado,  garantizar la tradición del arte español y, por otro lado, la defensa de la modernidad con propuestas artísticas nacionales como muestra internacional.

Con el paso del tiempo, las políticas promocionales derivaron en campañas mediáticas o en una adaptación de productos culturales enfocado en el turismo. Con posterioridad y en la legislatura del Partido Popular, con José María Aznar, no se realizo grandes cambios en referencia a décadas anteriores ya que sin cabe se potencio más una política cultural hecha desde el Ministerio de Asuntos Exteriores. Esto se dejo ver en las lecturas tradicionalistas e hispanofilias dirigido, especialmente, al mercado latinoamericano que además coincidía con la expansión española de la industria en aquel continente.

Al mismo tiempo, respecto a lo autonómico y municipal, en los 90 se desarrolló una política inversora en equipamientos culturales, que no existían en el franquismo. Estas directrices, con indiferencia del acierto o no, estaban organizadas y destinadas al rediseño urbanístico para elevar el turismo cultural o de rediseño urbano. Por lo que independientemente del gobierno de cada lugar se inauguraron de forma similar museos, centros de arte, todo esto a través de planes de reforma municipales de los centros urbanos. Los museos y centros de arte (hijos de los Planes Estratégicos de las ciudades) siguieron con sus planteamientos de planificación, basados en los siguientes criterios: el espíritu ilustrado, que acercaba a los visitantes a las corrientes artísticas más cercanas y a las últimas expresiones plásticas y audiovisuales, la integración y normalización cultural la cual concebía el museo como referencia internacional en relación con Europa y las diferentes comunidades autónomas, como la legitimación sociocultural  de los nuevos centros urbanos, y como referente turístico con una oferta cultural.

En relación con la formula basada en una política promocional y no productiva, se refleja una hiperinflación cultural que no respondía, ni responde a las practicas socio-artísticas de las diferentes comunidades  del estado, se puede hablar solo de pocas políticas culturales que hayan apostado por la producción cultural y no a la exposición como es el caso de  Arteleku3, en San Sebastián.

La relación entre política y programa artístico ha repercutido en las administraciones públicas dando lugar a nombramientos de los directores de museo como en las temáticas de exposición de los centros. También ha dado lugar a una intervención constante generando casos de presiones, censuras, destituciones, dimisiones de responsables de museos o profesionales del arte. Todo esto ha sido la causa de que muchas asociaciones reclamen a los poderes públicos una mayor organización funcional y estructural aparte de ser más profesional en los procesos de selección de estos directores de museos. Además, en los primeros años del siglo XXI se ha creado el consejo de las Artes formado con profesionales del sector para actuar contra estos problemas más allá de la política.

Curiosamente, en España siendo un país en el que la cultura y la política van de la mano, gran parte de los programas ofrecidos por los museos se generan a través de la figura del comisario o comisaria independiente. Mientras que en otros países de Europa se inclina en asegurar una investigación propia y la estabilidad laboral. En España la figura de un crítico/a y/o comisario  se divide entre dos lados, por un lado la falta de investigación, la presencia del pensamiento “genialista” y formal en las artes y por otro lado el comisario asume un “salto” a la dirección de grandes equipamientos. De forma paralela el comisario realiza programas de corte internacional dejando al margen otros de carácter local.

Respecto a la crítica podemos decir que se ha desarrollado, en gran medida, por los medios, ya que estos interfieren causando un gran impacto publicitario de las instituciones culturales en los medios de comunicación, por lo que la crítica española no ha podido desarrollar una tarea independiente y creadora de reflexión, justificando tenazmente los enfoques más  formalistas de la producción cultural.

 

 

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