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Política Cultural de Cataluña

 

POLÍTICA CULTURAL DE CATALUÑA

 Introducción:

La política cultural en Cataluña como sistema es complicada y singular. Es un sistema complejo, ya que tres administraciones públicas tienen un papel importante, ya sea por el presupuesto, la organización y la sustantividad. Estas administraciones son el Departamento de Cultura,  la Diputación de Barcelona y  el Ayuntamiento de Barcelona. Es un sistema singular, ya que es un caso que no se ajusta a lo tradicional en política cultural porque la Diputación ha creado un sistema de cooperación cultural que abarca más de sus atribuciones, además el Ayuntamiento de Barcelona realiza funciones mayores a las que le corresponde.

En un análisis a Cataluña, se muestra que  la relación entre las administraciones públicas y el ámbito cultural ha sido una de las dificultades para el desarrollo de la política cultural y de cómo en Cataluña existe una permanente tensión entre la lógica de la racionalización del sistema y las relaciones de poder. De esto ha transcendido importantes resistencias político-institucionales  que ha puesto impedimentos a la racionalización del sistema en los últimos treinta años.

 

Política Cultural de Cataluña desde 1980.

Con el gobierno de Convergencia y Unión en Cataluña entre los años 1980-2003 con Jordi Pujol como Presidente de la Generalitat, se implantó una política cultural “de mínimos”, con ideas entre el neoliberalismo y el paternalismo, usando criterios de clase y de identidad. Para resumir, no hubo política cultural en sí misma solo podríamos hablar como tal de algunos intentos, como el caso del “Pacte Cultural” entre todos las fuerzas políticas, promovido en 1985 por el entonces Consejero de Cultura.

La cultura, era algo que “estaba en cada  individuo”, por lo que mientras menos intervención del las organizaciones públicas mejor, debido a esto se le dio vía libre a las entidades bancarias de la burguesía catalana para ocuparse de los servicios culturales.

Tenemos que tener en cuenta que Cataluña tiene una gran tradición civil en el mantenimiento de una cultura social. Pero la cultura del país es diferente. Solamente tenían que mostrar rasgos característicos de una sociedad. Y para ello lo ideal era lo honorable. Pujol se negaba a crear organismos de políticas culturales. La política de promoción en Cataluña se estableció para conocer las “esencias”, con interés en la expansión internacional mediante la creación de organismos como el COPEC8 o con el sistema de becas de estancias en el extranjero para funcionarios culturales. Todo esto es de gran importancia porque contribuye a un porcentaje “alto” de PIB para esta comunidad en lo referente a este sector, aunque dejara de lado la ordenación territorial siendo esta muy importante ya que todo giraba alrededor su capital, Barcelona.

También debido a la enraizada idea clasista y de identidad del nacionalismo conservador, se hizo indiferente otros usos y prácticas culturales de otros sectores de la población, en su mayoría forastero, los cuales no encontraron apenas ayudas del gobierno. Las disputas partidistas entre los diferentes gobiernos y los ayuntamientos conllevo a poca disposición de articular políticas culturales según las necesidades del territorio. Además algunos ayuntamientos se encerraron en políticas alejadas en su mayoría en la capacidad de crear modelos culturales y educativos en una población trabajadora según ellos por estar alejada de un interés por el arte y la cultura de vanguardia.

En este periodo la política se centra especialmente en infraestructuras para artes escénicas, como son el caso de música, teatro, etc. en especial en Barcelona, aunque quitando la vista a necesidades reales de los productos artísticos. Si hablamos del caso del Centro de arte Santa Mónica de Barcelona ha sido muy especial ya que este ha tapado muchos parches debido a la ausencia de una política artística en Cataluña.

En el caso del centro de Barcelona podemos hablar de su carácter pactado y problemático en si mismo, puesto que este fue alquilado por el Arzobispado de Barcelona a la Generalitat de Cataluña por una peseta hasta el año 2050, y que impide que se pueda exhibir obras que puedan “herir la sensibilidad católica”. Todo esto reflejaba la atención al arte contemporáneo de CiU durante esos años. También durante esta legislatura  se intento una programación para intercambiar arte entre Cataluña y el extranjero, además se crearon otras actividades de fotografía que buscaba afianzar esta disciplina.

El Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona es otro ejemplo de la poca comprensión territorial de la política cultural por parte de la Generalitat de Cataluña ya que el museo esta  principalmente vinculado a la imagen de Barcelona, este recibe un tercio de su presupuesto de inversión pública (5 millones de euros) de Cataluña y se ha abandonado y descuidado otros centros de recursos y propagación en otras partes del territorio catalán. Aunque la realidad es que la ciudad de Barcelona tiene la mayoría de creadores y gestores culturales de la comunidad, como es el caso de las ciudades de Reus (Centre de Lectura), Valls (Capella de Sant Roc), L’Hospitalet de Llobregat (Tecla Sala), por nombrar algunas, están se han esforzado para situarse en el mapa cultural catalán y han supuesto modelos locales culturales.

El hecho de que una política promocional no haya dado los resultados pensados y conformes a la inversión realizada de infraestructuras, el nuevo gobierno llevó a cabo reclamaciones al sector de las artes, por ello se ha creado el  Consejo de las Artes, para apoyar junto a las administraciones municipales la creación de centros de producción, e  incrementar en ayudas y subvenciones directas a los creadores. Además también  influye en las mesas de discusión políticas relacionada s con la cultura especialmente en temas artísticos, también cabe destacar  la reforma de la ley de mecenazgo y los de planes estratégicos para cada sector de la actividad artística, que indica  un posible cambio político en la acción cultural de gobierno.

Podemos decir que durante estos años el papel de algunas entidades ha sido muy importante para presionar ante los fallos de la política cultural catalana. Podemos aludir la Asociación de Artistas Visuales de Cataluña ya que esta ha sido durante estas décadas un fuerte aliado para el impulso de la política cultural. La Asociación de Artistas Visuales ha tenido varias etapas, algunas etapas polémicas que han consolidado algunos objetivos fijados, como ejemplos de ello el primer centro de Barcelona dedicado a la producción, a través de talleres, estudios y servicios para los artistas, la controvertida VEGAP o el impulso de la Unión de Asociación de Artistas Visuales en el marco español.

 

 

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