Reinstalando la política cultural

La justificación primigenia de las políticas culturales se sustenta, como para cualquier otra política pública – en el valor intrínseco de la cultura para maximizar nuestro bienestar. La cultura tiene capacidad de transformar nuestra dimensión individual, social, ciudadana, económica o política, influyendo en nuestro sentido de pertenencia, de identidad, construyendo nuestro capital social, alimentando el conocimiento que nos dota de autonomía, conformando nuestra sensibilidad y ampliando nuestras capacidades expresivas y comunicativas. Y todo esto tiene menos que ver con Bibliotecas Nacionales, Museos, grandes ciclos de Teatro, Òpera o cuotas de pantalla y mucho más con la participación, actitudes, acceso a Internet, usos de los espacios públicos, clases de prácticas artísticas, la formación creativa, alfabetización digital, circuitos de proximidad…

Las políticas culturales tradicionales son ineficaces, ineficientes e injustas. A pesar de ello la política cultural es ahora más necesaria que nunca. El tamaño de los sectores culturales son la variable más determinante para explicar las diferencias de renta per/cápita de las regiones Europeas. A modo de ilustración, la diferencia de la renta per cápita entre Madrid y la Comunidad Valenciana, de 10.000€ en 2010, viene principalmente explicada por la diferencia de 7 puntos entre la población activa dedicada a la creatividad y la cultura. Para quién no lo sepa, decir que la productividad de un empleado en el sector de la cultura casi duplica a uno del sector turístico.

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Pero además, las empresas culturales tienen tasas de supervivencia superiores a la media de las empresas, requieren menos capital inicial, son intensivas en trabajo con elevados niveles de formación y usan más intensamente las TIC ¿No les parece que la cosa encaja bien con las necesidades de nuestro sistema productivo?
Pero la verdadera condición necesaria (aunque no suficiente) es dedicar al desarrollo de la política cultural el 1% del gasto del gobierno central, entre el 2% y el 3% de los gobiernos autonómicos y en los gobiernos locales alrededor del 5%. Aún con crisis se pueden aplicar porcentajes, ¿no?. Con un recorte del 20% del presupuesto global del Gobierno de Rajoy, estos porcentajes, aún supondrían multiplicar por tres los recursos destinados a los sectores culturales.

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El incremento del IVA puede efectivamente tener cierto efecto sobre la demanda, especialmente en el ámbito de las manifestaciones culturales más transversales socialmente como el cine y la música moderna, pero los estudios en general nos dicen que la cultura es poco elástica ante variaciones de precio.
Pero la nueva política cultural no puede ser construida sobre el argumentario tradicional. Es necesario reinstalar una política cultural de nueva planta, cuyos objetivos principales sean la efectiva satisfacción de los derechos culturales de la ciudadanía y que tenga como efecto colateral la salida de la crisis. Si se planteara como objetivo que las actividades culturales y creativas ocuparan el 10% de la población activa en España ¿No lo ven?. La cultura es la luz a final de este túnel.

 

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